Sobre mí -in extenso-

Creo que soy una paradoja hecha persona. Si algo hay que tener para (pretender) sumar 4 tesis es foco pero debo confesar que para ser tan enfocada soy sumamente dispersa. No sé realmente si dispersión sea el término exacto pero me gusta un abanico tan amplio de cosas que me resulta imposible mantener la atención en una sola. Por tanto, si la palabra no es la más acertada, es al menos, una buena opción para mientras tanto.

¿A qué quieren saber sobre qué escribe tanto una persona?

Pues ahí les va: la primera fue acerca de la conservación y puesta en valor del patrimonio construido; la segunda sobre economía y negocios inmobiliarios; la tercera sobre la arquitectura como soporte material del legado cultural inmaterial y; ya la cuarta, un cóctel molotov sobre Filosofía Lean, Smart Cities y Políticas Públicas Latinoamericanas. ¿Divertidísimo, no?

Tras este largo camino, con el insomnio –viejo amigo- haciendo presencia, me puse a pensar -o mejor dicho a dudar- que a estas alturas ya no sé si lo que se me da tan bien es la arquitectura y sus transversalidades o el hecho de escribir en sí mismo.

Así que intentaré, por primera vez, que este boli de planos esboce algo distinto y pueda tal vez resolver, más que edificios e hipótesis, mi camino.

Esto va de viajes, de idas y venidas, de recorrer geografías, del porque me fui, del porqué volví, del porqué volveré a irme y de todos los desvíos que –a consciencia… o inconsciencia- tomé en el camino.

En esencia, del proceso que en este transitar experimenté y principalmente de lo que aprendí en él.

Reconstruir lo destruido para deconstruirlo que no es lo mismo. Lo que digo implica a la memoria –de la cual no nos podemos deshacer-; al recuerdo de la historia –la nuestra- y; a la reconexión –de esos puntos a los que antes no encontrábamos lógica aparente-. Ello entendido desde el tiempo que todo lo reorganiza pero que a la par nos otorga licencia para hacer de éste un juego más libre, tal cual un cántaro que tras haberse roto, es reparado pero ya no luce igual porque en sus cicatrices esconde la historia que lo hace único y que paradójicamente le confiere belleza, bajo sus propias leyes, con un patrón sinigual.

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